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Vivir en la caverna: sufrir y sobrevivir


Isabel Tarín - 10 de septiembre de 2020 - 0 comentarios

¿Qué significa vivir en la caverna?

Vivir en la caverna significa vivir sufriendo y sobreviviendo.

Existen dos mundos en los que puedes vivir:

El mundo al derecho, el del amor, la abundancia, la alegría, donde los sueños se cumplen.

El lado brillante de la vida.

Y el mundo al revés, el del miedo y la escasez, donde querer no es poder. La caverna, el lado oscuro de la vida.

Si te sientes estresada, triste, insegura y, en definitiva, sin suerte. Vives en la caverna.

Si tu vida consiste en solucionar problemas todo el tiempo, evitar nuevos problemas, luchar o esforzarte por conseguir cualquier cosa, aunque sea solo alegría, entonces seguro vives en la caverna profunda.

Si tu dolor e insatisfacción no es muy grande pero no sientes alegría o no tienes lo que tu corazón desea, como amor y salud, también vives en la caverna, da igual si no tan profundo. Por supuesto, existen los grados aunque no son lo importante. Lo importante es salir a una vida brillante.

Vivir en la caverna solo es posible si estás en el ego. Si vives en el miedo, separada de tu “yo abundante—la diosa—. Significa que no has emprendido el viaje hacia la conciencia y la luz, porque de ser así te darías cuenta de que estás en la caverna porque tú lo has elegido así. Estás creando tu propia escasez.

Si te sientes sin suerte, debes saber que solo tú estás creando tu propia escasez.

El Mito de la Caverna: cómo entraste en la escasez

¿Eres nueva? Vuelve a la diosa: la versión auténtica y abundante de ti.

El famoso mito de Platón nos explica como entramos sin darnos cuenta en el círculo vicioso de la escasez y rechazamos ir a la abundancia. Te hago un pequeño resumen.

Hay unos hombres encerrados en una caverna. Desde niños se encuentran allí encadenados por el cuello y las piernas, de tal forma que solo pueden ver los objetos que tienen delante y no girarse ni desplazarse. Tras ellos se alza un muro, a lo largo de este muro se desplazan hombres que llevan todo tipo de objetos representando figuras de hombres y animales de diversas formas, más atrás hay un fuego cuyo resplandor alumbra toda la caverna y al fondo del todo se extiende un camino escarpado (subida peligrosa y casi intransitable) hacia el exterior.

Dado que estos prisioneros están allí desde pequeños y no han visto nada más en su vida que las sombras proyectadas en la pared, creen que éstas son la realidad cuando no es cierto. Si un un día un prisionero pudiese mirar hacia atrás se daría cuenta de que ha creído toda su vida algo que no es cierto, que los prisioneros tienen por real aquello que solo es una proyección, una sombra. (Una representación deformada e imprecisa de la verdad que sí conserva reminiscencias de ella.)

Pero no es tan fácil salir de la caverna, incluso cuando ya has descubierto que vives en ella. Imagínate que algún prisionero se atreviera a ir a comprobar lo que hay fuera de la caverna. Al dirigirse hacia la luz ésta le deslumbraría, le provocaría dolor, le haría llorar, le incapacitaría para ver. Seguro que se asustaría mucho, que creería que es un indicio de que es peligroso ir hacia la luz y se plantearía una y mil veces desistir.

En el caso de que fuese valiente y resistiera un poco más, sus ojos se acostumbrarían pronto y podría ver de nuevo. Si persistiera hasta llegar a fuera, entonces vería el sol —el símbolo de la Verdad—, lo que hace que todo se explique. Habría descubierto que ¡la vida bella está fuera de la caverna! Y que antes vivía dentro, malvivía, solo porque era ignorante de que podía salir.

Cuenta el mito que seguramente este hombre valiente que ha descubierto el sol querría regresar a la caverna para contarle a todo el mundo que es fuera donde hay una vida bella. Pero si entrara, sus compañeros le notarían raro. Pronto se darían cuenta de que esta un poco torpe. Para probar que estaba en su sano juicio le pedirían que describiera las cosas que ellos ven con toda claridad allá abajo, pero no podría, le resultaría muy difícil porque al volver desde la luz no puede ver casi nada en la oscuridad. Los compañeros pensarían que ha quedado incapacitado por salir, y tratarían de matarlo si se atreviera a desencadenarlos con el pretexto de que no quieren acabar igual de mal que él que no puede ver ni las sombras obvias para ellos.

Fascinante, ¿no crees?

La mujer quebrada—lo opuesto a diosa, que no está en su yo abundante sino escaso— fue apresada desde pequeña o más tarde, no con cadenas sino con creencias de miedo por la ignorancia.

Aunque las creencias de miedo son internas e invisibles, acaban reflejándose en el exterior a través de tus decisiones, llevándote a la oscuridad igual que a los prisioneros del mito los mantiene en la caverna.

Las mujeres que sufren viven apresadas en una vida oscura por sus creencias de miedo.

A lo único que hay que tenerle miedo es al miedo mismo

Entramos en una vida en la escasez, cuando podríamos vivir en una bella fuera de la caverna porque creemos en el miedo, simplemente.

Eres tú quien decides asesorada por tu miedo y “voluntariamente” te vas metiendo en la caverna, en una vida pequeña y cada vez más oscura, por tomar decisiones para evitarte un sufrimiento que no existe, pero que paradójicamente lo estás creando tú eligiendo alejarte de lo que dice el amor y tu corazón.

Historia de Amalia:

«Cuando era joven a menudo me sentía insegura, miedosa y con ansiedad. Era muy molesto. Por aquella temporada conocí a un hombre, nos hicimos amigos, salimos durante un tiempo sin que hubiera mucha chispa, pero finalmente sin mucho convencimiento me convertí en su pareja. Hoy sé que esa decisión no la tomó mi corazón sino mi miedo. Parecía protegerme del mayor problema de toda mi vida: mi inseguridad, pero con el tiempo acabó causándome mil veces más.

Desde el primer día me sentí ambivalente sobre mi relación. Todos los días había una especie de lucha entre mi corazón y mi cabeza, sin yo ser muy consciente. Con el tiempo el resultado fue perder energía lenta pero inexorablemente, sentirme cada vez más insegura, culpable, débil, incapacitada, con más miedo a estar sola y, por tanto, menos capaz de terminar esta relación sin amor que me estaba consumiendo.»

Elegir en el miedo es entrar en un círculo vicioso desgastante y malsano. Elegir en el miedo es el remedio que después es peor que la misma enfermedad.

Tener miedo no significa que tienes un problema, sino que ves sombras, no la realidad. No hay nada que solucionar, tienes que despertar. Que vuelvas a la percepción verdadera: que todo está perfecto tal cual es, si no lo ves así es que necesitas conocimientos no parches.

El miedo te incita a tomar decisiones que se convierten en el remedio que es peor mismo que la enfermedad.

Algunos síntomas de vivir en el ego, el miedo. O sea, desconectada de “tu yo abundante”

  • Inseguridad

  • Ansiedad, apatía y tristeza (Montaña rusa emocional)

  • Sentimiento de fracaso, decepción o insatisfacción con la vida

  • Autoestima disminuida (o condicionada a cuando las cosas van bien)

  • Dificultad para divertirte plenamente

  • Identidad frágil

  • Sentimiento de “seré feliz cuando logre X”

  • Falta de habilidad para protegerte y serte fiel en las relaciones (Incapacidad de establecer límites sanos)

  • Dificultad para intimar y conectar profundamente

  • Impulsividad. Apuros para gestionar adecuadamente, por exceso o por defecto, las emociones propias y aceptar las ajenas

  • Dificultad para la autocompasión y la autoaceptación

  • Dificultad para relajarte

  • No poder soltar el pasado

Libre del ego. “No tengo nada que esconder, que proteger, que demostrar ni defender.” (Lisa Nichols)

Tips para salir de la caverna: emprender el camino a tu “yo abundante—la diosa”

Admitir «Solo sé que no sé nada», es el primer paso para salir de la caverna. Necesitas ampliar tu visión al comprobar que, aunque ir hacia la luz te molestará y te hará llorar un poco, no es peligroso y te acerca a una vida alegre y feliz.

Salir del ego consiste en cuestionar todo lo que crees que es cierto, porque si no eres feliz es que no lo es.

Salir de ego constituye una experiencia desafiante para la cual necesitas sacar a tu héroe interior porque necesariamente tendrás que ir soltando cosas en las que apoyabas tu seudo -identidad. Te sentirás algo inestable pero soltando lo que no es tuyo se irá revelando “tu yo abundante” naturalmente.

  • Sentirás resistencia pero seguirás adelante solo un poco más.

  • Hará las paces con la incertidumbre y el vacío, porque necesariamente para recibir lo bueno tienes que soltar primero lo que no quieres.

  • Sentirás mil veces la tentación de echar marcha atrás, es normal. Pero para hacerte fuerte busca una tribu con tus mismos objetivos que te apoye en los momentos de flaqueza.

“La verdad te hará libre” pero al principio te deslumbrará, será incómoda y dolerá un poquito. Pero un día habrá merecido mucho la pena.

Vuelve a tu yo más abundante y auténtico

¡Endiósate!

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