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Soy la madre de mi madre. 4 consecuencias catastróficas del rol de cuidadora


Isabel Tarín - 20 de julio de 2021 - 0 comentarios

¿Sin apenas darte cuenta te convertiste en la madre de tu madre? 

¿Reconoces que has descuidado tu vida por este motivo?

¿No sabes cómo pero has llegado a sentirte absolutamente vacía, agotada y triste? 

¿A veces te preguntas si el rol invertido con tu madre es la causa de que tu vida no funcione bien?

¿Sientes que esta relación te ha robado la espontaneidad y la alegría? 

La calidad del vínculo con la madre es de vital importancia para la salud emocional de cualquier persona. No solo necesitamos que nuestra madre nos alimente con buenos nutrientes. Necesitamos conectar y que nos nutra emocionalmente para alcanzar el máximo potencial como personas. 

Es esencial comprender que cuidar de nuestra madre cuando aún necesitábamos ser hijas y llenar nuestros depósitos de amor y habilidades —cuando aún estaba en marcha nuestro desarrollo físico, emocional, mental y espiritual—, aunque pueda parece una acción altruista, generosa, noble e irrelevante, causa un enorme daño y perjuicio en el desarrollo de la hija.

Que nuestra madre necesitada no fuese consciente de que ser su cuidadora era perjudicial para nosotras no reduce en absoluto las terribles y crónicas consecuencias que esto deja.

De hecho, mira si es importante el vínculo emocional con nuestra madre que se convierte en el modelo para el contacto y la intimidad que utilizaremos en el resto de nuestras relaciones personales. ¡Incluida la que tenemos con nosotras mismas! 

Sanar el vínculo interior con tu madre es imprescindible para tener autoestima y buenas relaciones.

LAS 4 CONSECUENCIAS CATASTRÓFICAS DEL CORDÓN UMBILICAL INVERTIDO:

1.

Miedo y falta de confianza en la vida

La niña temerosa, vacía e insegura que tiene miedo a arriesgar en la vida.

  • Vergüenza interiorizada

  • Memorias y flashbacks emocionales que te dejan paralizada

  • Dependencia emocional evasiva

Como toda niña, el mayor miedo que podías tener era a ser abandonada por los tuyos. Necesitamos de nuestras madres amor, cuidados y protección para crecer cuando somos dependientes e indefensas. Necesitamos que un cuidador predecible estuviera ahí, una y otra vez, para soltarnos e ir explorando el mundo cada vez con mayor independencia. La sensación de seguridad y confianza provienen de recibir cuidados repetidos, predecibles y consistentes. Si tenemos miedo es que no los recibimos.

Las personas que tienen un apego seguro con su madre caminan por la vida con la confianza de que se les dará lo que necesitan en el momento adecuado, como ocurrió con su madre. El sentimiento de seguridad que se mama en la infancia queda tan arraigado que difícilmente desaparece a consecuencia de las vicisitudes de la vida.

Pero si nuestra madre era distante, inmadura, emocionalmente inestable o estaba estresada y muy ocupada en sus propios conflictos… nunca pudimos obtener estabilidad, predictibilidad ni confianza. En su defecto mamamos el sentimiento de inseguridad, miedo, vergüenza. Si su negligencia o abandono en tu crianza fue muy manifiesto, es muy posible que hoy experimentes mucha vergüenza, inseguridad y hasta memorias y flashbacks emocionales que te dejen paralizada. (Saber más sobre: “Los 3 tipos de trauma”)

2.

Desconexión e identidad frágil

La niña sin espontaneidad, invisible, confusa y muy obediente.

  • Desconexión del criterio interno propio

  • Desinterés por satisfacer las necesidades y sueños propios

  • Falta de identidad y sumisión

Si tu madre no era empática, no se sintonizaba contigo, no te veía, no te sentía y, por tanto, no legitimaba tus emociones, es seguro que acabaste desconectándote de tu criterio interno y de tus necesidades. Era más doloroso prestarles atención si nadie iba a atenderlas.

Pero, paradójicamente, es muy probable que tú si te volcarás en las de ella. Y es que en algún sitio tenías que volcar tu atención. Casi todas lo hacemos en volvernos complacientes, ayudadoras, voluntariosas, buenas chicas o perfeccionistas, con el pretexto de no causar problemas, para que “le vengamos bien”, estuviera contenta y, por fin, nos hiciera algo de caso y nos aprobara.

Es seguro que haciéndote más merecedora de su amor por tu buen comportamiento obtuvieras la mejor atención que tu madre disminuida era capaz de dar (cuando tenía muy poco que dar). Lo malo es que lograste “su amor” a un precio muy caro: el de vender tu infancia y tu “yo esencial”.

Y lo que es aún peor, como repetimos todo lo que un día nos funcionó, probablemente hoy continuas con el rol de cuidadora que seguro está haciendo de tu vida un desierto seco e infecundo.

Soy la madre de mi madre _ Blog Endiosadas

No sé ni lo que deseo. ¡No tengo sueños!” —Confiesan muchas mujeres afectadas por el cordón umbilical invertido.

3.

Tristeza no incapacitante, pero profunda y vieja, por perder tu infancia

La niña muy triste y estancada esperando el amor que no recibió de su madre.

  • Anhedonia o dificultad para experimentar placer

  • Tendencia a la preocupación y la rumiación

  • Complacencia y necesidad de que te quieran

  • Predisposición a la depresión y la ansiedad

Para convivir con una madre inmadura, narcisista o multiestresada que no podía atenderte ni enseñarte a gestionar la vida adecuadamente, necesariamente tuviste que desconectarte de ti. Aprendiste a desoír tus sentimientos una y otra vez, hasta que se convirtieron en un ruido blanco que ya no escuchas. Dejaste de saber quién eras, qué soñabas para tu vida y cuáles eran tus necesidades. Y es seguro que te costará invertir en ti porque priorizar tu felicidad te parecerá un acto egoísta cuando no lo es.

Cualquier niña que no es atendida debidamente por su madre siente una tristeza profunda. Es muy común que todavía hoy no hayas expresado y sanado toda esa tristeza con la que cargas porque para hacerlo tienes que responsabilizar a tu madre negligente, y esto horroriza a cualquier persona (niños e incluso a la mayoría de adultos). Tener tristeza no expresada dentro de ti disminuye por completo tu capacidad de sentir placer. (Saber más en:” “¿Por qué me siento tan triste?“).

4.

Dificultad en las relaciones sentimentales y de intimidad

La niña con dificultad para vincularse a su madre y a los demás, pero también para tolerar la soledad y la separación.

  • Ambivalencia de sentimientos

  • Miedo a la intimidad y al compromiso

  • Tendencia a la fantasía para no intimar

  • Apartar a quien te quiere, hacerle pruebas o poner muchas trabas

No pienses que tu yo subconsciente es tonto, él sí que ha sabido todo el tiempo que las relaciones de intimidad de tu infancia te han robado más que te han dado. Por esto muchas hijas-madres muestran fobia al compromiso. (Saber más en: “Los 3 tipos de pareja”).

La fobia al compromiso puede mostrarse evidentemente o de maneras muy encubiertas: eligiendo maridos que parecen niños a quien cuidar también, comprometiéndose con hombres malos o problemáticos para no intimar, con hombres-padres para poder volver a ser niñas y recibir cuidados, soñando con relaciones inadecuadas o inalcanzables para evadir la intimidad real, o siendo muy selectivas a la hora de encontrar a alguien para posponer la entrega emocional todo lo posible.

El trauma del cordón umbilical invertido se sana reduciendo la empatía.

DE MADRES NECESITADAS, HIJAS CUIDADORAS

Las hijas que acaban actuando de madres lo hacen —se hayan dado cuenta o no— porque sus madres son todavía inmaduras o narcisistas y, por tanto, incapaces de cuidar de sí mismas, cuidar de otros, tener suficiente para dar, ni de proteger a sus hijos por mucho que los quieran.

Aunque algunas madres puedan parecer adultas y maduras en el exterior, muchas están, en realidad, muy necesitadas emocionalmente. Su crianza también las dejó con carencias. Pero las hijas a menudo, sin conocer otros modelos, somos durante mucho tiempo muy inconscientes de las señales que alertan de que nuestra madre es disfuncional, dañina y debemos protegernos de ella.

Mientras eras una niña, con la guardia baja, tu gran necesidad de amor, conexión y aprobación, no tenías de quien aprender a poner límites y no encontraste otra manera de vincularte que funcionase mejor que volcarte en su felicidad más que en la tuya propia. De esta manera, la relación con tu madre te exprimió más que se te impulsó y eso tienes que repararlo. (Puede servirte de gran ayuda leer: “El arte de soltar”).

Una hija nunca puede sanar la depresión de una madre, pero la depresión de una madre sí que puede enfermar para siempre a su hija.

Si tu madre te cae mal, sientes rechazo hacia ella o te saca de quicio es porque te ha vulnerado.

LA RECUPERACIÓN: ¿Y qué puedes hacer tú ahora?

1.- Estate dispuesta a hacer cambios, incluso si tu madre se enfada y patalea.

2.- Sé tú tu prioridad y demuéstralo con hechos.

3.- Aprender a decir No. Claro y rotundo.

4.-Vuelve el foco de tu atención hacia adentro para conocerte y saber de tus necesidades, objetivos, sueños y deseos. Que los tienes pero escondidos.

5.- Agenda espacio para jugar y disfrutar. Lo creas o no la niña que fuiste sigue dentro de ti y nunca es tarde para recuperes su infancia.

Si necesitas más guía para recibir lo que te faltó de tu madre en Endiosadas podemos ayudarte, contáctanos y…

¡Endiósate!

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