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¿Soy adicta? ¿Qué es la adicción?


Isabel Tarín - 5 de noviembre de 2020 - 0 comentarios

¿Soy adicta? ¿Estoy enganchada a una sustancia, persona o actividad? Si es así, ¿qué son las adicciones? ¿Por qué se producen? Si padezco una, ¿cómo puedo superarla?

Lo primero que tienes que tener en cuenta es que pocas personas reconocen que son adictas aunque sea evidente que una adición esté arruinando su vida. ¡Mucho ojo con esto!

La palabra «adicción» tiene muy mala prensa. Apenas la pronunciamos nos evoca al drogodependiente demacrado, marginado e infeliz, pero lamento decirte que ese estereotipo tiene muy poco que ver con la realidad hoy. La adicción se da en ricos y pobres, instruidos y analfabetos, en pueblos pequeños y en ciudades grandes. En todas partes y afecta a todo tipo de personas.

La adicción es un problema universal

Es un hecho que una adicción puede, literalmente, arruinarte la vida. El primer paso para que no te ocurra es siempre la identificación. Hay que mirar el problema de cara para poder resolverlo. Pero aquí es cuando se complica la cosa—la adicción es sibilina. La adicción es una condición que suele pasar desapercibida durante mucho tiempo, especialmente para el que la padece. El encubrimiento que hace el propio cerebro que está enganchado a ella es justo lo que la hace tan peligrosa. Por esta razón, cuanto más rechazo sientas a leer este post e informarte ¡más conveniente es que lo hagas!

Si padeces una adicción tu cerebro está “corrupto” y desorganizado, por eso a menudo lo que quieres NO es lo que más te conviene. ¡Ponte en duda!

¿Qué es la adicción?

La adicción es un mecanismo de afrontamiento maladaptativo.

Lo que significa que la adicción es un recurso que nos ayuda a mejorar nuestra vida a corto plazo, pero que a la larga produce consecuencias tan adversas que acaba convirtiéndose en el remedio peor que la enfermedad.

La adicción se inicia para traernos placer o resolver nuestros problemas, pero acaba haciéndonos perder el control sobre nosotras mismas.

No es posible alcanzar tu mejor versión—la diosa— si eres adicta a algo. Simplemente no se puede ser esclava y abundante a la vez.

Tipos de adicciones

¿A qué se puede ser adicta? Pues a casi todo.

Las más conocidas son las adicciones de atracción, que consisten en la inclinación a consumir sustancias, personas o actividades para sentirnos mejor.

Es el deseo de obtener más placer de estas sustancias o actividades lo que acaba controlando a la persona adicta que es incapaz de decidir libremente.

Adicciones de atracción:

AlcoholDrogasComidaTabacoDulces
DineroPoderUna parejaRelacionesSexo
TelevisiónDormirComprarCirugía/bellezaDeporte
CuidarRescatar/ayudarAprobaciónAventurasLimpieza
PerfeccionismoCompetirRiesgoJuegoGanar
OrdenPuntualidadResponsabilidadSer buenaFantasía

También están las adicciones de aversión (anorexia), que consisten en la evitación de ciertas sustancias, personas o comportamientos porque reducen nuestro malestar. En este caso es el deseo de evitar lo que controla a la persona, que es incapaz de decidir libremente.

Adicciones de aversión:

IntimidadSexoComidaConflictosEmociones
AgujasAvionesAnimalesGorduraFracaso
ÉxitoCompromisoRiesgoSoledadGastar
EnfermedadAlturasInsectosDentistasOscuridad
Hablar en públicoRechazoLimpiezaSangreMultitudes

Las adicciones pueden parecer muy diferentes unas de otras en la superficie, pero en realidad, son el mismo perro con distinto collar porque todas tienen las mismas causas profundas.

También es común que no se padezca solo una adicción sino varias. Algunas adicciones tienen predilección por ir juntas, como, por ejemplo, la bulimia y el ejercicio físico, el alcohol y el tabaco, el juego y la adicción a la comida.

¿Por qué son malas las adicciones?

Las adicciones son malas porque te esclavizan.

Algunas adicciones son más destructivas a corto plazo que otras o gozan de mejor reputación, pero todas acaban perjudicando.

La adicción al alcohol, las drogas, el sexo o el juego, son consideradas por la mayoría como muy peligrosas y dañinas. Por el contrario, la adicción a la comida, al trabajo, al poder, al ejercicio físico o a la belleza, son consideradas por muchos como inofensivas y a veces hasta convenientes, aunque en absoluto es así.

Todos sabemos los muchos riesgos para la salud que provoca la adicción a las drogas, pero también la adicción a la comida está detrás de la obesidad, la diabetes, la hipertensión, etc. que también mata a muchas personas. Las adicciones sexuales son causantes de la mayoría de los abusos sexuales que malogran muchas vidas injustamente y las personas adictas al trabajo suelen abandonarse y abandonar a su familia. Así que no, no hay adiciones buenas.

La persona que se ve impulsada a reiterar una conducta sin que sea una elección consciente está esclavizada, y eso nunca puede enriquecer su vida.

¿Cuándo se considera a una persona adicta?

Pero, ¿esto es adicción? ¡Si lo hace todo el mundo! La mayoría de la gente para juzgar si padece una adicción aplica criterios erróneos. Estos son los dos más frecuentes:

Atender a la frecuencia

Si “lo consumo o hago” todos los días, entonces soy adicto, y a la inversa, si no lo hago todos los días, entonces de ningún modo soy adicto. ¡Error! Y gordo. La inmensa mayoría de los adictos no consumen a diario su droga o actividad sino esporádicamente.

Atender a la cantidad

Algunas personas creen que si toman poca cantidad de su droga o si los grados de la bebida elegida son pocos, significa que no son adictos. Esto no es cierto. No importa el cuánto, importa la razón por la que se consume una droga y sobre todo las consecuencias que tiene en la vida del adicto.

El problema no radica en las drogas, ni en la cantidad o frecuencia de consumo, radica en nuestro apetito insaciable de medicarnos para alterar nuestro estado de ánimo.

Las 4 reflexiones infalibles para saber si eres adicta

1. ¿Sientes obsesión? (Por una sustancia, persona o actividad)

La conducta adictiva se siente apremiante y difícil de posponer. Quieres fumarte ese cigarrillo ya, no puedes esperar. Necesitas comprar ese bolso que has visto en un escaparate ya, no quieres esperar a mañana, ni al mes que viene que éste ya estás en números rojos, tienes que hacerlo rápido, Lo compro y ya lo devolveré si eso, te dices.

No te puedes quitar tu droga de la cabeza hasta que la consumes. Quiero ver a ese hombre No ha llamado ni devuelto los mensajes, pero eso de esperar es anticuado y machista, ¡le llamaré yo para quedar!. Cuando llegue a casa me voy a poner una copa o a comerme un pastel, pero sales al almuerzo y te dices A partir de las 12 ya se puede beber”, Por una cervecita no pasa nada, todo el mundo lo hace o El lunes empezaré de nuevo la dieta.

Eres capaz de hacer todo lo posible por consumir tu dosis. Pones mucha energía, atención y tiempo en satisfacer tu necesidad apremiante de consumir, aunque tenga que quitarte el pijama para ir a buscar tabacotenga que enviar muchos mensajes o ponérselo muy fácil a ese chico para que se acueste contigo o “tenga que romper la hucha para comer este mes porque me has vuelto a pasar comprando.

Si pese a todos los esfuerzos de la adicta se malogra la ocasión de consumir, esta se sentirá muy frustrada, irascible o incluso podrá llegar a sentir pánico.

2. ¿Has experimentado consecuencias negativas debido a tu adicción?

Lo que hace que una adicción sea una adicción es que se vuelve en contra de una. La adicción a la comida, al alcohol, al deporte, a ese hombre, etc. se inicia (como cualquier otro hábito) porque se obtiene un beneficio, lo que la convierte en adicción es que empieza a producir consecuencias negativas pero sigues manteniéndola a pesar de ello.

Por ejemplo:

Las consecuencias negativas típicas de una persona adicta al alcohol serían tener la carrocería del coche hecha polvo, que le hayan retirado el carné de conducir por alcoholemia, que los demás le digan que bebe demasiado, volverse violenta cuando bebe y perjudicar sus relaciones.

Es frecuente para la persona adicta a una relación estar desconcentrada, perder mucho tiempo en controlar al otro, en mirar continuamente el móvil (si está o no en línea), bajar el rendimiento en su trabajo, desvincularse de sus amistades, bajar el listón respecto a lo que es aceptable y a la reciprocidad.

Para una adicta a las compras serían tarjetas dispuestas, renovaciones de deuda, préstamos rápidos, discusiones de dinero con su pareja.

Para una adicta al sexo podría ser una excesiva masturbación, visionado de pornografía, disminución del interés por su pareja, infidelidad, conductas de riesgo y enfermedades de transmisión sexual.

Debido a la adicción se van perjudicando todas las áreas de tu vida (directa o indirectamente). Los sentimientos de fracaso, impotencia, depresión y desesperanza aumentan y provocan de nuevo deseo de recurrir a “la droga”.

La adicción es un círculo vicioso del que no se puede salir sin estar dispuesta a soportar dolor e incomodidad durante un tiempo.

3. ¿Te sientes descontrolada?

Si has adquirido una adicción tendrás cada vez más dificultades para controlar o detener el consumo de tu droga una vez hayas incurrido en la primera copa, la primera apuesta, el primer cigarro o mensaje.

Una mujer adicta al sexo que acudía a mis terapias me contó que un día salió de cena con sus amigas, se bebió unas cuantas copas, pero enseguida se retiró porque al día siguiente trabajaba. Cuando estaba en la estación de metro para irse a su casa su adicción entró en juego, (como casi siempre le pasaba cuando bebía alcohol), y empezó a decirse: No. No. Mañana trabajas. No. Venga. Aguanta. Pero pocos minutos después estaba escribiendo y proponiéndose a un hombre que había conocido en una aplicación de citas esa misma mañana. Como éste le dijo que no, pasó al siguiente y luego al siguiente. Una hora después estaba conduciendo medio borracha hacia la casa de un hombre que apenas conocía, corriendo el riesgo de tener un accidente, ser multada o incluso violada. Era incapaz de controlarse aun sabiendo que se perjudicaba y perjudicaría su trabajo al día siguiente. Después de aquello simplemente se pasó meses viviendo como una monja, sin salir, sin alcohol, sin apps, como solía hacer, hasta que poco después de nuevo volvió a ser tomada por “su lado oscuro” (como decía ella).

La mayoría de personas adictas son capaces de ejercer cierto grado de control sobre su adicción durante periodos considerables de tiempo, lo que ayuda a alimentar la ilusión de que controlas. Pero lo cierto es que la reincidencia se producirá tarde o temprano.

4. ¿Niegas con todas tus fuerzas que tus problemas tengan que ver con tu adicción?

Cuando los adictos empiezan a acumular problemas, inevitablemente empiezan a negar dos cosas:

1) Que no son capaces de controlar el consumo de “su droga”.

2) Que los efectos negativos en sus vidas tengan alguna conexión con el uso de su droga o actividad.

Las personas adictas suelen negar terminantemente y con mucha pasión su problema. Minimizar, evitar el tema, culpar a otros, racionalizar o intelectualizar con frases como “si todo el mundo lo hace”, “es que yo me merezco un respiro porque trabajo mucho”, “eso era antes ahora ya no”, “lo que pasa es que estoy pasando una mala racha”. Los adictos normalmente culpan a otras personas o a las circunstancias de los problemas que tienen y en consecuencia van perdiendo el contacto con la realidad.

El adicto opta por recurrir a algo externo para cambiar su estado de ánimo que le resulta intolerable, en vez de resolver las causas que producen su malestar. Es esta manera de lidiar con sus problemas lo que le llevará por el camino de la adicción.

El miedo a ver y aceptar la vida tal cual es, es uno de los rasgos más característicos de “las personalidades propensas a la adicción”.

El adicto a lo que más adicto es, es a las soluciones rápidas.

La esencia de la adicción

La adicción es un intento condenado al fracaso de aliviar el dolor emocional que nos produce no saber gestionar nuestros sentimientos.

La adicción es un atajo, es elegir hacer “trampa”, optar por engañar al sistema.

Aunque parezca inofensivo esto de elegir “ser corrupto”, en realidad, la adición es un síntoma que debería encender todas nuestras alarmas. Solo elegiría engañar al sistema alguien que ha perdido en algún grado la confianza en sí mismo, en sus capacidades y, sobre todo, en la justicia divina que premia el esfuerzo y las cosas bien hechas.

Por eso, la sobriedad no es dejar de beber, de fumar, de drogarte o de depender de una pareja, recuperarse de una adicción es recuperar la fe. Es volver a creer en la vida y enamorarse de ella al considerarla una aventura interesante, aunque ponga a prueba todos tus recursos.

La adicción es un síntoma inequívoco de encontrarse en bancarrota espiritual.

La sobriedad no es conseguir no consumir, es no querer hacerlo aunque pudieras.  No querer anestesiarte porque estás tan conectada a la vida que no quisieras pederte ni un instante de tu existencia.

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