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Soltera a los 40… ¿Casualidad?


Isabel Tarín - 14 de febrero de 2021 - 0 comentarios

Tengo 41 años y estoy soltera. Pero no soy la única. Tengo varios amigos y amigas que están en la misma situación, y a menudo hablamos sobre el tema. Estos son los comentarios más comunes que salen en nuestras conversaciones:

– Ya he tirado la toalla, Elena. No hay nadie para mí.

– Todos son unos perdedores. No quedan hombres buenos en el mundo.

– Con lo guapa/inteligente/simpática/_______ (añade aquí el adjetivo que creas que mejor te define) que soy, ¿cómo es que no tengo pareja?

– ¿Quién se va a fijar en mí con la mascarilla?

– Y la número 1: ¿Por qué no tengo pareja? ¡No lo entiendo! (esta última era de mi cosecha, por si no lo habías notado…).

Muchas veces me he escuchado a mí misma decir que no quedan hombres que valgan la pena. Que el “mercado” está muy mal. Pero luego pienso ¿y tú, Elena? ¿Eres una mujer que valga la pena?

1+4 tipos de mujeres según sus cimientos - Endiosadas

Yo que soy tan guapa y tan linda…

Y es que a veces tenemos una imagen demasiado distorsionada de nosotras mismas (“¿Con lo buen partido que soy, ¿cómo es que no tengo pareja?”). Es lo mismo que sucede en el programa de TV La Voz, que sale uno a cantar que ni fu ni fa, y ves a los familiares emocionados, con lágrimas en los ojos, diciendo, “¿Pero por qué no se giran?”, y tú piensas “¿Pero no os dais cuenta de que lo está haciendo fatal?”. Pues mucho me temo que así estaba yo pero con respecto a mí misma.

Tener una alta autoestima asentada en una percepción infundada, no ayuda. Mejorarnos es posible, pero para poder hacerlo primero tenemos que estar dispuestas a reconocer que necesitamos mejorar.

Si fueras un hombre, de entre todas las mujeres del mundo, ¿elegirías salir con alguien como tú?  

Después de una ruptura que me dejó más derruida que las Torres Gemelas, durante mucho tiempo me repetí como un mantra “Yo soy suficiente”. Todas mis amigas reforzaban esa creencia diciéndome: “Menganito (puedes sustituirlo con el nombre de tu ex) es un imbécil por no darse cuenta de la mujer que tenía a su lado. Tú vales mucho, Elena.” Incluso una amiga mía siempre me decía –con la mejor intención, eso sí– que si fuera lesbiana sin duda saldría conmigo. Ni una sola crítica hacía mí por parte de ellas.

Según mi círculo más cercano toda la culpa de que me quedara como zona catastrófica después de mi ruptura la tenía él por ser un mamarracho. Lo que fue cómodo y reconfortante al principio, pero que a la larga solo produjo que me acomodara en el rol de víctima donde no hay crecimiento alguno. Hasta que fui a terapia con Isabel y casi en la primera sesión me dejó en shock cuando me preguntó: “Te dejó, de acuerdo. Pero, ¿crees que eras tú una mujer que merecía la pena?” Me quedé noqueada.

Fue a raíz de hacer terapia que me di cuenta de por qué era una mujer soltera. Tuve que reconocer que no había sido la mejor compañera de viaje. Había dedicado más tiempo a cuidar a mi ex, a mi familia, a mis amigas y a todos los demás, que a mí misma. Por eso mi vida parecía un jardín hecho unos zorros, porque me había abandonado y mi interior estaba lleno de malas hierbas. Siendo mi interior un espacio tan hostil y desapacible, estar en mí era incómodo y no hacía más que asfixiar a mi ex y exigir a mi familia que me hiciese feliz. Sí, señor. Que para algo me habían traído a este mundo. En fin, que me di cuenta de que me había convertido en un parásito del amor. Ya era un paso saber que había algo que podía cambiar para resolver mi soltería no deseada.

En fin, que me di cuenta de que me había convertido en un parásito del amor. Ya era un paso saber que había algo que podía cambiar para resolver mi soltería no deseada.

El derecho al amor

Creo que uno de los problemas más grandes que tenemos en nuestra vida amorosa en el siglo XXI es creer que “tenemos derecho al amor”. No quiero que se me malinterprete. Todas tenemos derecho al amor, a amar y ser amadas. El problema es creer que tenemos derecho a un determinado tipo de amor.

Desde luego, las películas de Hollywood no ayudan (me viene a la cabeza Richard Gere y Julia Roberts en Pretty Woman, por ejemplo). Muchas veces me escuché a mí misma decir eso de que no quedan hombres buenos en el mundo en una época en la que yo misma no era precisamente el gordo de la lotería. Pero yo quería que el mejor postor se fijara en mí. Creía que tenía derecho a que un hombre guapo, musculoso, inteligente, con sentido del humor, sensible y noble se fijara en mí (aunque yo en esos momentos fuera una piltrafilla). Porque yo me lo merecía. Aunque mi jardín estuviera hecho un desastre.

Muchas veces el problema reside en que lo que buscamos en los demás, en lo que nos fijamos en los otros, no es algo que tengamos nosotras mismas. ¿Cuántas veces hemos deseado un hombre atlético y musculoso cuando nosotras llevamos sin pisar el gimnasio un año? Recuerdo que hubo una época en que deseaba encontrar un hombre con mucha cultura, pero me di cuenta de que en el último año no había leído ningún libro.

No es malo buscar en otra persona algo que nosotras tengamos que mejorar. Porque al final todo es cuestión de energías, como el yin y el yang, y nos atraemos para equilibrarnos y aprender. Pero una cosa es encontrar una pareja que te equilibre y te inspire para mejorar esa parte de ti que tienes un poco descuidada, y otra muy distinta es que quieras que él haga el trabajo por ti. No seamos ladronas de manzanas.

Si tienes demasiados requisitos, no buscas el amor, buscas un mecenas 

No queremos igualdad de oportunidades. Queremos igualdad de resultados sin pagar el precio.

Estamos solteras por alguna razón, no es por casualidad. Ya sea porque seguimos pensando en nuestro ex, porque no estamos emocionalmente fuertes y una pareja haría que nos aferráramos a ella como a una muleta emocional, porque necesitamos estar solas para conocernos (y empezar a arreglar ese jardín que tenemos tan descuidado), porque todavía no hemos cortado el cordón umbilical con nuestros padres y necesitamos sanar nuestra infancia, porque somos adictas al trabajo, o porque todavía pensamos que una pareja es sinónimo de rutina y eso nos aterra.

No tener lo que tu corazón (y no tu ego) anhela es una anomalía

El test definitivo: ¿Estás preparada para tener pareja o la estás saboteando inconscientemente?

Si te dijera que en este mismo momento (ni un minuto antes ni un minuto después) el amor de tu vida iba a entrar por la puerta de tu casa… ¿cómo reaccionarías? ¿Lo recibirías con los brazos abiertos o saldrías corriendo? ¿O le dirías… “Espera unos tres meses que tengo que perder unos kilitos y arreglar un poco la casa”, o “Espera un poco que tengo todavía unas cosas de mi ex por mi casa y se las tengo que devolver”, o “Espera que cambie de trabajo porque ahora me ocupa mucho tiempo”, o “Espera que todavía no les he dicho a mis padres que dejen de controlar mi vida?”

La respuesta a esta pregunta es un buen barómetro para saber en qué momento de tu soltería estás.     

– ¿Te sientes segura físicamente, o no estás en tu mejor momento?

– ¿Tienes una casa bonita, arreglada y con espacio para alguien más?

-¿Tienes un trabajo seguro y estable en el que te sientes feliz?

– ¿Sigues buscando la aprobación de tus padres porque no eres capaz de darte el amor que ellos nunca te dieron?

– ¿Estás fuerte emocionalmente, o si tuvieras pareja lo dejarías todo y dedicarías toda tu energía a él?

– ¿Sigues siendo adicta al sexo, al amor o a una persona en concreto que piensas que te va a dar la felicidad?

– ¿Sigues pensando en tu ex y cotilleándole las redes sociales?

– ¿Eres, en definitiva, la mujer de la que te gustaría enamorarte?

Después de estas preguntas me gustaría hacer una reflexión resolutoria: Si con todas estas preguntas has concluido que objetivamente hay bastantes cosas que arreglar en tu vida, es en arreglarlas en lo que nos tenemos que concentrar y no en buscar pareja.

Estamos solteras porque el Universo entiende que es lo mejor que nos puede pasar en estos momentos.

Yo, por ejemplo, si en estos momentos apareciera mi hombre ideal confieso que pediría una demora. Que por cierto es lo que me está dando la vida. He vivido tantos años en el mundo al revés que todavía tengo que arreglar muchas cosas en mi jardín para invitar a alguien. Prefiero no tener visitas todavía que vivir metiendo sartenes sin fregar en el horno o escondiendo el polvo debajo de la alfombra emocional. Que eso es muy pesado. Y al final, siempre acaban pillándote. No es fácil disimular una vida destartalada.

Yo reconozco que no estoy sola por casualidad y creo que nadie lo está. No estamos solteras porque el mundo es injusto, porque “no está hecha la miel para la boca del asno”, porque “estamos en una pandemia y llevamos mascarilla”. Estamos solteras porque hay una parte del recorrido de nuestra vida que debemos hacer solas. De hecho podemos ver la pandemia como algo que nos ayude. Que nos permita concentrarnos en arreglar lo que tenemos pendiente, ponernos a punto y entrar en el mercado en condiciones cuando escampe.

El recogimiento en casa por el confinamiento puede ser una época ideal para nutrirnos, escucharnos, sanar nuestra infancia, soltar ideas románticas de que “el amor nos salvará” y confiar en que cuando pase esta hibernación seremos mejores. Por fin, una mujer que valga tanto la pena que sea la mejor compañera de viaje.

Y cuando ya tengamos un sistema operativo que sea la pera, sucederá como en Apple, que harán cola para ser nuestras parejas

Por cierto, si quieres unirte a alguno de nuestros grupos de terapia online puedes ponerte en contacto con nosotras.

¡Invierte en ti!

Endiósate!

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