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sobre isabel tarin. fundadora de endiosadas

ISABEL Tarín

“La abundancia es una frecuencia, conéctate con ella y ¡vuelve al Olimpo de las diosas!”

¡Hola! Me llamo Isabel Tarín, soy de Valencia, y ayudo a mujeres que se han quebrado a volver al mundo de la abundancia.

Aunque estudié la carrera de Empresariales, muchos cursos sobre contabilidad, un Máster, y tengo un trabajo fijo como funcionaria de carrera, pero mi experiencia de dolor emocional me llevó a dar un vuelco a mi vida.

Visité muchos psicólogos, leí cientos de libros —como lo oyes, ¡cientos!, atendí muchos cursos, me saqué los diplomas en técnicas como hipnosis, Eft, coaching, constelaciones y mucho más, pero los conocimientos mentales no resolvieron mi problema. El aleluya llegó sin necesidad de ir a ninguna escuela, simplemente cuando me rendí a saber lo que ya sabía y sentir lo que ya sentía.

Dicen que para hacer esto, morir y resucitar, una debe ser valiente, estar guiada por un buen terapeuta, o no tener nada que perder, como era mi caso.

Mi vida no me gustaba, y la persona en la que me había convertido no era yo. Era una personalidad prefabricada, deshabitada y hueca, que se disfrazaba socialmente. La depresión y el vacío que sentía no me permitían disfrutar la vida, pero ahora sé que solo era el síntoma de lo alejada que estaba de mi auténtico ser —de mi diosa—, y eso se puede resolver.

Cuando identifiqué mi verdad se fue haciendo la luz. Fui sabiendo casi naturalmente cuáles eran las medidas reparadoras que debía aplicar, y empecé a brillar.

Al poco tiempo una conocida me dijo: «No sé qué has hecho para estar tan bien, pero yo quiero esa “mierda” que te has tomado».

Buscando mi recuperación no solo me encontré a mí, sino también la manera definitiva en la que iba a servir al mundo: Endiosadas.

Acompaño a mujeres que, como yo (y probablemente como tú), desean convertirse en la mujer que más admirarían: la versión más auténtica y abundante de sí mismas.

Enfrentarme a los retos del camino hacia mí misma fue incómodo, lo reconozco. Pero con mi experiencia el tuyo no tiene por qué serlo tanto, y además los resultados te compensarán con creces cualquier inversión que hagas en ello. No hay mejor empresa que despertar a la diosa que hay en ti. Te lo aseguro.

No escatimes. Invierte en ti. Tú eres lo que tanto estás buscando.

elena endiosadas

ELENA

La primera mano

¡Hola! Me llamo Elena y no hace tanto que fui una clienta de Isabel y Endiosadas me enamoró tanto que se convirtió también en mi misión.

Soy profesora de inglés de la Escuela Oficial de Idiomas. Me presento así porque cuando digo que trabajo en la EOI a todo el mundo le cambia la cara, parece que me respeten más que un momento antes, me ven un buen partido o algo así. Además de que mi profesión también da mucho pie a romper el hielo; todos quieren preguntarme cómo pueden sacarse tal o cual título o cómo pueden matricularse en la escuela. En fin, que parezco una mujer afortunada con un trabajo interesante y una buena vida -eso si no rascas mucho. Porque te confieso que en mi interior yo fui zona catastrófica.

Te contaré por qué.

Conocí a un hombre, nos enamoramos, pero cuando las cosas empezaron a ir mal yo no supe ver, aceptar, protegerme, soltar… En fin, que esa relación puso de manifiesto los débiles cimientos personales que tenía en realidad.

Yo hasta entonces no me había dado cuenta de que vivía tan sedienta de amor, de atención y de cariño que no hacía más que mendigar. Él se cansó y me abandonó emocionalmente, pero ya no le culpo. Porque ahora sé que yo ya me había abandonado hace tiempo. ¿Cómo podía enamorarse él de mí si ni siquiera yo no conocía mi propia voz y era solo un eco?

Hay muchas mujeres que como yo son perfectamente funcionales y siguen adelante con su vida (somos niñas buenas, vamos a trabajar y tenemos buen aspecto) pero que también están rotas por dentro. Cuando estás quebrada nada de lo que quieres se hace realidad y hasta el cuerpo enferma.

Mi cuerpo empezó a darme señales de que algo no iba bien y acabé con una mononucleosis que me tuvo en cama dos meses. Después de la mononucleosis siguieron más malestares y somatizaciones, pero sobre todo comencé a sentir un nudo en la garganta y una presión en el pecho que no me dejaba respirar bien. Pero seguí sin hacerle caso. Y, peor aún, me acostumbré a ello.

Hasta que conocí a Isabel.

Otra profesora por casualidad me habló de ella. “Isabel” -me decía ella- “es maravillosa.” Yo, que por aquel entonces me había hecho adicta a ver vídeos de expertos en Youtube y que había escuchado de todo, no tenía mucha confianza en que me fuera a decir nada nuevo. ¡Era imposible! Pero la llamé.

Cuando fui a verla por primera vez, algo mágico pasó. Me dijo: “Ponte en duda. Todas las decisiones que has tomado en tu vida te han traído hasta aquí.” En una sociedad donde reina el optimismo simple y todos te dicen cosas como “El que la sigue la consigue”, “Tú puedes hacerlo” o “Tú eres suficiente”, escuchar eso fue realmente refrescante. También me dijo: “¿Pero tú eres una mujer que valga la pena para que él te elija?” Y me di cuenta de que la Elena del pasado no era la mejor compañera de viaje. Nos miramos y dijimos

¡Manos a la obra!

Aprender a poner el foco en mí y darme ese amor que le reclamaba a otros cambió mi vida.

En mi camino de recuperación ocurrió algo curioso: Isabel me decía que las preguntas tan profundas que yo le hacía no se las había hecho nadie nunca. Empezamos a compartir ideas, nos dejábamos libros, debatíamos intensamente sobre conceptos de psicología que no tenían nombre todavía… Nos dimos cuenta de que allí había magia y que queríamos hacer algo juntas. Así fue como entré a formar parte del equipo de Endiosadas.

ana endiosadas

ANA

El lado más íntimo de Endiosadas

No podría hablar de Endiosadas sin antes mencionar a mi hermana mayor, Ana. Ella ha sido la incansable voz del sano juicio para toda nuestra familia cuando escaseaba y mucho. Protestaba incansablemente cuando actuábamos con miedo, inseguridad y la necesidad de complacer para ser aprobados por los demás. A que nos castigáramos tanto sólo porque habíamos cometido algunos errores. A que nuestra baja autoestima finalmente nos hiciera dudar hasta del color del cielo. Ahora reconozco lo valiente que tuvo que ser cuando protestaba hasta la extenuación aun cuando ello implicaba perder la aprobación más preciada para una niña, la de su madre. Y todavía le quedaron fuerzas para obtener muy buenos resultados en los estudios y en sus relaciones.

Desde luego que gracias a que sus sabias palabras, impregnadas de una autoestima y sensatez innata, flotaban en el ambiente que tuve alguna oportunidad de recuperarme y volver a la diosa. En los momentos difíciles sentí su solidez. Y su inteligencia y fuerza interior me impulsaron hacia delante. Este ha sido uno de los regalos más grandes de mi vida.

Hubo muchas veces en que le conté mis penas, le lloré, le pedí ayuda de todo tipo y ella siempre estuvo ahí. Pero eso no fue lo más importante que hizo por mí, ni mucho menos lo que me salvó.

Ella no lloró conmigo para venirse a la oscuridad, ella me llevó a la luz. Ella no trató de consolarme y darme la razón. Su apoyo nunca fue a base de decirme que el mundo era un lugar cruel en el que gente buena como yo sufría tanto. Ella me dijo día tras día, de todas las maneras posibles, con amor y paciencia, que yo necesitaba unos ojos nuevos.

No quererme a mí misma me dejaba seca, era una mala compañía, tenía muchos defectos de carácter y me sobraba poca energía para ayudar y dar.

Pero aun así, ella nunca perdió la fe en mí. Ella no veía en mí el fracaso que yo veía. No importaba lo que le contara o los errores que estuviese cometiendo o hubiese cometido, en sus ojos sólo veía la persona que podía alcanzar a ser.

Me quiso incondicionalmente cuando menos lo merecía pero sin duda cuando más falta me hacía.

Gracias infinitas, hermana.
¡Endiosadas cuenta contigo!

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