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¿Por qué me siento tan triste?


Isabel Tarín - 5 de octubre de 2020 - 0 comentarios

Entender la tristeza es el primer paso para superarla.

Sentirse triste es muy incómodo, pero la tristeza, una de las seis emociones básicas—además del miedo, la ira, el asco y la alegría—, es seguro que está en tu vida para ayudarte.

Ser emocionalmente inteligente es no querer huir de tus emociones aunque pudieras, porque sabes que sin emociones orientarse en la vida sería tan difícil como en un cielo sin estrellas.

No tengas miedo de tu tristeza ni de ninguna otra emoción, solo cuando las sentimos profundamente nos deja un mensaje de valor.

Lo que tanto te conviene pero nadie te propone

Seguro que si tuvieras un accidente y te torcieras el tobillo tu médico te mandaría reposo y todos tus amigos entenderían que te quedaras en casa y no corrieras un maratón a la semana siguiente. Sin embargo, tras una ruptura sentimental –que es una de las crisis emocionales que más dolor y sufrimiento nos causa– nadie te dice «Reposa esa pena porque si no no se te curará bien». ¿A que no? Lo que te diría la mayoría de tus amigos son cosas del estilo de «Un clavo saca a otro clavo», «Tú lo que tienes que hacer es acostarte con alguien» o «No estés triste por ese imbécil que no merece la pena».

Pues sí, sí que merece la pena.  Porque esa emoción es tuya, y todo lo tuyo merece la pena. Por muy imbécil que fuera, que eso es otra cuestión.

¿Que te sientes triste? Pues ésa es la emoción adecuada para ti en estos momentos.

Nuestra sociedad se dedica a traumatizar nuestro sistema emocional

Nuestro lado emocional ha sido menospreciado y ninguneado a lo largo de la historia. Acostarte con alguien al poco tiempo de haber pasado por una ruptura amorosa o iniciar una relación con “el primero que pasaba por ahí” para no estar sola o darle en las narices a tu ex es el equivalente de tratar de correr un maratón con un esguince en el tobillo, además de un maltrato hacia nosotras mismas. Parece de locos, ¿no?

¿Y por qué lo vemos tan claro en el plano físico y nos cuesta tanto verlo en el plano emocional?

Porque lo emocional es invisible.

Y como es invisible, parece que no existe. Pero existe, créeme. Y se merece la misma atención y cuidados que el dolor físico, sobre todo teniendo en cuenta que en muchos casos el dolor emocional puede provocar depresión, ansiedad, fobias, angustia, baja autoestima, culpa, inseguridad, aislamiento y un largo sin fin. ¡Cuestiones de las que recuperarse conlleva mucho tiempo y esfuerzo!

Lo emocional es invisible, pero como la mayoría de cosas importantes de la vida.

¿Por qué la tristeza a veces es crónica?

Muchas veces decimos tristeza cuando queremos decir dolor emocional.

El dolor emocional es algo más que una sensación de tristeza, de ansiedad o de ira ante una circunstancia de la vida que nos desestabiliza. Todas estas emociones son necesarias y pasajeras pero el dolor emocional es el dolor del alma, indica que hay una herida que no sana y se perpetúa en el tiempo, echando raíces en tu corazón. El dolor emocional paraliza.

Cuando las emociones no te guían sino que te paralizan, existe en ti dolor emocional antiguo sin sanar.

Puede venirte muy bien echar un vistazo a “Los tres tipos de trauma”, para ver si tu dolor actual tiene su raíz en tu infancia.

Estar triste tras una ruptura de pareja es natural.

Estar triste tras una ruptura de pareja es natural. Lo que no es natural es que una ruptura te desestabilice tanto que te impida seguir con tu vida y que dos años más tarde sigas tan maltrecha y hundida que sientas que no puedes vivir sin “él”. Si esto sucede, ya no tienes tristeza, tienes dolor emocional. Y la causa no fue la ruptura, la causa fue que estabas tan desconectada de ti misma, de quien eras realmente y de lo que habías venido a hacer en esta vida –de tu propósito vital-, que tu única motivación era “él”. “Él” era el que te “enchufaba a la vida”. Y cuando buscas fuera lo que debería estar dentro de ti, comienzan los problemas.

¿Y qué hacemos para tirar para adelante cuando no sabemos sanar el dolor emocional?

Nos desconectamos.

Nos desconectamos de nosotras mismas para no sentir el dolor. Primero nos desconectamos de nuestras emociones –y para ello recurrimos muchas veces a adicciones que actúan como tiritas ante el dolor. No tienen por qué ser adicciones que hagan mucho ruido (como la droga o el alcohol) sino que puedes hacerte adicta a la comida, a las compras, a la limpieza, a la tele basura, al sexo, a “él”… A todo aquello que durante un pequeño periodo de tiempo no te haga pensar y te dé satisfacción a corto plazo –“un subidón”. Como cuando vas a “pillar” al súper. ¿Te suena?

“Evitar las emociones que necesitas afrontar, es evitar la vida que necesitas vivir”

¿Y qué pasa cuando vivimos mucho tiempo desconectadas?

Que la desconexión no se queda solo en lo emocional, sino que llega al cuerpo.

Lo físico y lo emocional están estrechamente relacionados, y la segunda fase de desconexión sucede cuandonos desconectamos de nuestro cuerpo. Tu cuerpo puede ser tu mejor aliado o tu peor enemigo, depende del caso que le hagas.

Muchas enfermedades emocionales acaban causándonos enfermedades físicas porque llega un momento en que el cuerpo no puede con tanto dolor. Seguro que más de una vez has ignorado ese pinchazo en el estómago o esa presión en el corazón cuando estabas al lado de una pareja con la que eras muy infeliz o te hacía sentir mucha tristeza. Tu cuerpo te está avisando de que “algo no va bien”. No ignores sus avisos –tu cuerpo quiere ayudarte.

Cuando regresas a ti misma, a tu cuerpo y a tu alma, la conexión es tal que te sanará de todas aquellas heridas no resueltas. El camino no es sencillo, y requiere valentía y esfuerzo, pero no estás sola. Nuestra tribu quiere ayudarte.

Si te has sentido identificada con lo que te he contado en este post, no te pierdas cómo sanar el dolor emocional.

Tu objetivo es tu felicidad, tu camino ir hacia ti misma y tus emociones tu brújula

¡Resucita a la Diosa que hay en ti!

¡Endiósate!

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