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La madurez: la responsabilidad de ser una misma

Por Isabel Tarín

Jesús dijo: «a menos que nazcas de nuevo y te conviertas en un niño, no entrarás en el reino de los cielos»

¿Y qué es el reino de los cielos?

Pues lo que tanto estamos buscando: la felicidad.

Pero, ¿qué significa felicidad? ¿qué significa esta palabra tan manida?

Una puede pasar la vida comiendo, durmiendo, trabajando, comprando…, pero que eso no signifique ir hacia la felicidad ni siquiera acercarse con los años. Para muchas personas vivir equivale a hacerse vieja, vivir más bien es solo sobrevivir. Ir hacia la felicidad es otra cosa…

Para mí la felicidad es la suma de crecer, esforzarte en convertirte en lo mejor que puedas ser, y disfrutar todo lo que puedas de lo que te trae la vida. Sea esto último lo que sea.

Algunos llaman a este tándem alcanzar el bienestar eudaimónico, que consiste en la satisfacción que obtienes por desarrollar tu potencial humano, y la satisfacción del bienestar hedónico, que se centra en la obtención de placer.

Podríamos decir que «la felicidad es florecer y disfrutar de las flores»

Para florecer es imprescindible madurar

La madurez es resucitar nuestra inocencia.

La madurez es como un segundo nacimiento, que consiste en que te has dado cuenta de que tú no te creaste a ti misma y que, por tanto, florecer y disfrutar de la vida solo es posible si eres y haces lo que a tu alma le mueve profundamente sin juzgarlo.

Este segundo nacimiento tiene como propósito recuperar aquello que ya tenías en el primer nacimiento –una identidad y un propósito sagrados—, pero que, debido a la educación, la sociedad, la escuela, el miedo o la falta de reflexión y autoconocimiento, hizo que te desviaras del camino de tu alma.

La madurez es un segundo nacimiento que no corresponde con el inicio de la vida sino con el momento de reclamar tu “yo” a posteriori.

La madurez es dar un golpe de estado a cualquier autoridad en tu vida que no seas tú.

Reclamar tu alma para ser feliz

Todas nacimos con unas aspiraciones sagradas, con una misión en este mundo, con una identidad…, así que solo satisfaciendo ésta podremos sentirnos satisfechas y plenas.

No es asunto nuestro lo que hagan otros con sus expectativas. Si queremos ser felices, nuestro trabajo está en lograr ser quienes somos.

Solo cuando estemos dispuestas a ser lo que somos, le pese a quien le pese –padres, profesores, parejas…–, porque entre otras cosas sabemos que no hay otra opción, nos liberaremos del aprisionamiento de nuestra alma –que supone querer satisfacer las expectativas de otros, complacer, lograr aprobación, gustar…– tendremos opciones a ser felices.

Para madurar es imprescindible:

  1. “La meditación” –el silencio y la reflexión interior— y conectarse con “la Fuente”, para conocernos sin juzgar y saber qué reclamar de vuelta.
  1. Para poder realizar el acto quirúrgico invisible de extirpar lo que no es tuyo y dejar solo lo que corresponde a tu auténtico ser, rodearse de personas inteligentes y valientes.

La verdadera heroína es aquella mujer que consigue ser ella misma y vivir la vida a su manera, permaneciendo atenta y alerta para nada ni nadie, ni siquiera en nombre del amor, le desvíe del camino a su realización.

Madurar es reclamar tu paraíso en la Tierra.

¡Resucita a la Diosa que hay en ti!

¡Endiósate!

2 Comentarios
  • Mariela
    Posted at 15:54h, 17 julio Responder

    Hola Buenos dias!!!

    Me gusto muchísimo el articulo… Una tiene que madurar para poder disfrutar de todo lo que ahora ve de forma distinta gracias a ese proceso de maduración y con el mismo impulso eres feliz. Nadie tiene el trabajo de hacerte feliz mas que tu misma.

    Saludos
    Mariela

    • Isabel Tarín
      Posted at 08:55h, 18 julio Responder

      Muchas gracias por tu aportación, Mariela. 100% de acuerdo contigo. Nadie puede hacerte feliz más que tú misma. Así que, todas a aplicarlo! Un abrazo

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