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HIJAS-MADRES: LAS CONSECUENCIAS DEL CORDÓN UMBILICAL INVERTIDO

¿Sin apenas darte cuenta te convertiste en la madre de tu madre? 

¿Reconoces que has descuidado tu vida por este motivo?

¿No sabes cómo pero has llegado a sentirte vacía, seca y triste? 

¿A veces te preguntas si ésta es la causa de que tu vida no funcione bien? 

La calidad del vínculo con la madre es de vital importancia para cualquier persona. No solo necesitaste que tu madre te alimentara con buenos nutrientes, necesitaste conectar emocionalmente con ella—que hubiese una sincronía entre sus sentimientos y tuyos—, para alcanzar el máximo potencial de tu desarrollo como persona. 

De hecho, mira si era importante tu relación con ella que, a menos que decidas cambiar haciendo un esfuerzo, llevas ese mismo modelo de relación para el contacto y la intimidad con el resto de tus relaciones personales. ¡Incluida la que tienes contigo misma!

Es muy importante comprender que cuidar de tu madre cuando aún necesitabas ser hija—ayudar con los hijos más pequeños, protegerla de tu padre del que debiera divorciarse porque la trata mal, hacer de enfermera por sus constantes achaques de salud, ser su paño de lágrimas…—, cuando aún estaba en marcha tu desarrollo físico, emocional, mental y espiritual, aunque pueda parece una acción altruista, generosa, noble e irrelevante, causó un enorme daño y perjuicio en tu desarrollo.

Por desgracia que tu madre necesitada no fuese consciente de que era perjudicial para ti, no reduce en absoluto las consecuencias.

LAS CONSECUENCIAS QUE POSIBLEMENTE PADECES HOY

1# Eres miedosa y te falta confianza. Miedo y Falta de confianza en la vida

Como toda niña, el mayor miedo que podías tener era a ser abandonada por los tuyos. Necesitamos de nuestras madres amor, cuidados y protección para crecer porque éramos dependientes y estábamos indefensas. Necesitaste que ella estuviera ahí, una y otra vez, mientras ibas soltándote y explorando el mundo cada vez con mayor independencia. La sensación de seguridad y confianza en la adultez proviene de recibir cuidados a través de experiencias repetidas, predecibles y consistentes en la infancia. 

Si hubieses recibido predictibilidad, se quedaría una fuerte impronta grabada en ti y caminarías por la vida con la confianza de que se te daría lo que necesitabas en el momento adecuado, igual que había ocurrido siempre. 

Si has mamado el sentimiento de seguridad, difícilmente éste desaparece a consecuencia de las vicisitudes de la vida.

Pero si nuestra madre era distante, arisca, apenas nos abrazaba, besaba o acariciaba, tenía muchos cambios de humor, vivía sobresaltada por sus frecuentes discusiones con la pareja o las amistades, o estaba taciturna y ausente siempre preocupada por cómo llegar a fin de mes… no pudiste obtener estabilidad ni confianza, porque no podías sintonizarte y eso te hacía sentir sola, ahí se fraguó el sentimiento de inseguridad y miedo. 

2#Desconexión, ignorancia de la identidad, codependencia.

Tratando de que tu madre se sincronizase contigo y te viera empezaste a priorizar su felicidad y a desconectarte de ti—dejar de prestar atención a tus emociones y necesidades—, que nadie iba a atender. 

Te convertiste en complaciente, ayudadora, buena chica, o perfeccionista, con la necesidad extrema de hacerlo todo bien, y no causar problemas, porque era la única manera de que tu madre te aprobara. 

Haciéndote más digna de amor obtuviste algo de la sincronía que emocionalmente necesitabas tanto como el comer.

Es cierto que tu estrategia de ser codependiente (artículo: “Codependencia: la razón de tu sufrimiento“)—sentirte segura sirviendo a otros— funcionó en parte, obtuviste la mejor atención que tu madre disminuida era capaz de dar, cuando tenía muy poco que dar.

Lo malo es que fue a un precio muy caro: el de vender tu infancia.

3#Perdiste tu infancia y sentirás una tristeza no incapacitante, pero profunda y vieja

Si has tenido una madre a la que cuidar tú cuando le necesitabas, si el cordón umbilical ha estado al revés —tú apoyabas a tu madre emocionalmente más que ella a ti—, entonces es seguro que tú también cuentas con carencias importantes que te causarán problemas serios en tu salud y tus relaciones.

Necesariamente tuviste que desconectarte de ti. Aprendiste a desoír tus sentimientos una y otra vez, hasta que se convirtieron en un ruido blanco que ya no escuchas. Dejaste de saber quién eras, qué soñabas para tu vida y cuáles eran tus necesidades. Por esta razón tu salud seguro se ha resentido, no escuchabas la llamada a invertir en ti. 

  • ¿Te dejas para la última siempre?
  • ¿Te cuesta saber qué deseas?
  • ¿Eres tremendamente indecisa?
  • ¿Te preguntas por qué cada día que pasa eres menos capaz de disfrutar de la vida?

Tus emociones de tristeza seguro se quedaron dentro sin que pudieras expresarlas, porque no tenías ningún adulto que te guiara o porque de hacerlo tendrías que culpar a tu madre, y esto horrorizaría a cualquier niña (e incluso a la mayoría de adultos).

Quedando la tristeza dentro inevitablemente ha disminuido tu capacidad de sentir placer. Este es el síntoma aislado que notarás ahora, después de tanto tiempo.

Cuando sientas y expreses plenamente los sentimientos de tu infancia, con una testigo cómplice y de confianza, la tristeza se irá por donde vino.

4#Dificultad en las relaciones sentimentales y de intimidad

No pienses que tu yo subconsciente es tonto, él sí que ha sabido todo el tiempo que las relaciones de intimidad de tu infancia te han robado más que te han dado. 

Y, además, en tu fuero interno también sabes que las estrategias que aplicaste no fueron suficientes para no sufrir, o que a la larga te salieron caras, y que no has aprendido otras nuevas. Por tanto, sigues siendo vulnerable y huirás, muchas veces sin reconocértelo, de la intimidad como de la pólvora.

En consecuencia, muchas hijas-madres muestran fobia al compromisoque se muestra, a menudo, de maneras muy encubiertas: eligiendo maridos que parecen padres, comprometiéndose continuamente con personas inadecuadas e inalcanzables, o siendo muy selectivas para encontrar a alguien… (puedes leer: Fobia al compromiso: la plaga actualpara profundizar).

¿POR QUÉ TE CONVERTISTE EN UNA HIJA-MADRE?

Las hijas que acaban actuando de madres lo hacen —se hayan dado cuenta o no—, porque sus madres son de hecho inmaduras y por tanto, incapaces de cuidar de sí mismas, cuidar de otros, tener suficiente para dar, ni de proteger a sus hijos por mucho que los quieran. (Podría venirte muy bien leer Madres sanas y madres inmaduras)

Aunque muchas madres puedan parecer adultas y maduras en el exterior, lo cierto es que están necesitadas porque su crianza también las dejó con carencias. La hija a menudo, siendo menor y sin conocer otros modelos, es muy inconsciente para darse cuenta de las señales de estas carencias.  

Con la guardia baja, tu gran necesidad de amor, conexión y aprobación, a través de la manipulación, de contagiarte sus sentimientos de pena o culpa, sutil pero perenne, mientras eras una niña que no tenía de quien aprender a poner límites, que llegaste a no encontrar otra manera que vincularte a ella que volcándote en contribuir, tanto como podías, a su felicidad más que a la tuya propia.

De esta manera, se te absorbió más que se te impulsó.

La cosa es que gracias a que pusiste tu energía en ayudar a tu madre, tu madre no necesitó superar su inmadurez ni enfrentarse a sus problemas, cuando podía haberlo hecho. 

Aunque “apañaste a tu madre” no pudiste evitar que te faltara el abono que necesitabas para crecer fuerte, por eso tú también quedaste disminuida y padeciendo los síntomas de una “falsa inmadurez”

Para solidificarte ahora, es preciso que enfrentes tu problema y aprendas, para que no traspases el dolor a tu hija que es inocente.

LA RECUPERACIÓN: ¿Y qué puedes hacer ahora?

¿Se puede reparar lo que ha ocurrido? ¿Puedo volver a recuperar mi felicidad y saber formar relaciones sanas?

Por supuesto que se puede, pero requerirá tu esfuerzo.

1.- Conllevará que estés dispuesta a hacer cambios, incluso si tu madre se enfada y patalea.

2.- Convertirte, por primera vez, en la persona más importante de tu vida y demostrarlo con hechos.

3.- Aprender a decir No.

4.-Volver el foco de tu atención hacia adentro para conocerte y saber de tus necesidades, objetivos, sueños y deseos. Que los tienes pero escondidos.

5.- Hacerte más egoísta e invertir tu energía en tus proyectos recién desenterrados primero.

6.- Dejar espacio para jugar y disfrutar. Lo creas o no la niña que fuiste sigue dentro de ti y nunca es tarde para recuperar su infancia. 

La atención y el amor incondicional a tu niña herida se llevará poco a poco toda aquella tristeza.

A recuperar tu infancia, resintonizarte con tus sueños, superar la tristeza, y mucho más… podemos ayudarte en ENDIOSADAS.

Ponte en contacto conmigo si lo necesitas.

¡Endiósate!

¡Es tu turno!

¡Cuéntame! ¿fuiste una hija-madre?

Yo sí. Y ha sido largo y duro el viaje hasta identificarlo, afirmarme de nuevo, y sanar el dolor y las carencias. Pero lo logré!

¿Y tú?

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