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Vulnerabilidad

El secreto para tener buenas relaciones

Por Elena Villanueva

La vulnerabilidad es, sencillamente, dejar que nos vean. Que, hoy en día, es un acto de lo más trasgresor en el amor.

Digo que es transgresor porque hoy en día, con esto del feminismo (mal entendido) y de la libertad individual, muchas parejas dicen ser modernas e independientes y darse mucho espacio, pero a mí me parecen de todo menos una pareja verdaderamente unida. (Si quieres saber más la pareja demasiado independiente (tipo 2), puedes leer nuestro post: Los tres tipos de pareja).

Y es que no puede haber amor sin vulnerabilidad. Porque el amor de verdad –primero a nosotras mismas y luego al otro– pasa por aceptarnos con nuestras luces y nuestras sombras. Es muy fácil querer cuando todo va bien. Pero amarse a una misma o a los demás en tiempos oscuros es otra historia.

Recuerdo la película Avatar y la forma que tenían los habitantes de Pandora de decir que amaban a alguien. En vez de decir “te quiero”, decían “te veo”. ¿No es maravilloso? ¿Has probado alguna vez a mirarte en el espejo y decirte estas palabras a ti misma? ¿Serías capaz de hacerlo?

El primer paso: ser vulnerable contigo misma

Solo podrás ser vulnerable con otra persona cuando aprendas a ser vulnerable contigo misma. Cuando dejes de fingir algo que no eres y te atrevas a mirar “hacia dentro”. Cuando decidas levantar la alfombra y mirar toda la porquería que había debajo y primero aceptarla, segundo abrazarla, tercero enfrentarla, cuarto aprender a barrerla sin que se te vuelva a atascar  y, por último, tirar la dichosa alfombra porque ya no te hace ninguna falta. No  hay nada que quieras volver a esconder debajo de ella. 

Ya has aceptado tu sombra. Enhorabuena.

No tengo nada que esconder, nada que proteger, nada que demostrar, nada que defender.  Y ahora, ¿quién elijo ser? (Lisa Nichols)

Lisa Nichols

Ya en la infancia comenzamos a protegernos y escondernos de los demás para que no nos hicieran daño o para que nos quisieran. Y es que aprendimos que nuestros padres nos querían cuando “nos portábamos bien”, cuando “sacábamos buenas notas”, cuando “besábamos a la tía aunque no nos apeteciera”, cuando “sonreíamos para la foto aunque estuviéramos de mal humor”, etc. 

Aprendimos a dejar de ser nosotras mismas para recibir lo que pensábamos que era amor. Aprendimos, por tanto, que había que esconder nuestra cara B—la que no gustaba—, que había que ser complacientes y que decir o hacer lo que otros veían bien aunque nosotras pensáramos o sintiéramos que era malo.

La gente asocia ser vulnerable con ser débil. Sin embargo, es justo lo contrario.

Hace falta mucha valentía para decir lo que una siente o piensa aun a riesgo de que entonces no te quieran. Esto te complica pero tiene beneficios a largo plazo, ya que cuando nos acorazamos y no dejamos salir nuestras emociones, éstas acaban enquistándose y nos provocan enfermedades físicas o emocionales. 

El segundo paso: ser vulnerable con tu pareja

La vulnerabilidad es la clave de la intimidad. Y la intimidad es la clave del éxito en la pareja.

Atrevernos a ser vulnerables nos permite observarnos a nosotras mismas y al otro sin apartar la mirada. Y es que mostrar vulnerabilidad es la única forma de profundizar en las relaciones.

Sin embargo, nos acorazamos como estrategia para escapar del dolor, pero de lo que no nos damos cuenta es que construyendo un muro a nuestro alrededor y escapamos también del amor y de sentir alegría y placer.

¿Es así como quieres vivir? ¡No lo creo!

Ser vulnerable te permite compartir tus miedos y tus inseguridades con tu pareja pero también compartir tus pasiones y tus proyectos. Es la única forma en la que podréis luchar juntos y avanzar como un “nosotros”.

Ser vulnerable te permite expresar tus sentimientos. Te permite llorar cuando tienes ganas de llorar, decir que tienes miedo cuando lo sientes o expresar tu tristeza. Si no expresas tus emociones (por temor a que te hagan daño o a que no te quieran) al final éstas acabarán saliendo por donde menos te lo esperas (en forma de adicciones, comportamientos compulsivos o ansiedad). Ellas buscarán una forma de hacerse notar.

Ser vulnerable significa pedir ayuda cuando la necesitas. Y esto no es señal de debilidad.

Mira, existen dos clases de personas débiles: hay una que está clara, que son las que necesitan que se lo hagan todo, las princesitas que esperan ser rescatadas. Pero hay otra que no es tan obvia y que también demuestra debilidad, que son aquellas que no dejan que les hagan nada y quieren hacerlo todo ellas mismas.

¿Te suena la típica frase de cuento feminista actual “la princesa tiró al príncipe y se salvó ella sola?”. De acuerdo. Está bien salvarse sola de vez en cuando. A veces no necesitamos que nadie nos rescate, está claro. Pero además de que es mucho más divertido cuando hacemos las cosas con otra persona que es un igual (no un rescatador), pedir ayuda no te hace menos diosa.

Pedir ayuda no te hace menos diosa. Más bien al contrario, es una muestra de inteligencia.

Además, hay cosas que no pueden lograrse solas. ¡Nunca! Y cuanto más grande es aquello que nos propongamos, más necesitaremos la ayuda de otras personas. De igual modo que tú ayudarás a otros en su camino. Estamos hechos para caminar juntos.

Cuando piensas que puedes hacerlo todo te cargas de responsabilidad, apartas a la gente de tu vida y acabas quemándote o enfermando.  Y todo por evitar que te hagan daño. Eso es signo de debilidad.

Y tú, ¿estás dispuesta a ser vulnerable?

¿Y estás dispuesta a domar y subirte al dragón que vigilaba tu torre con un compañero de viaje porque así la aventura es más divertida?

¡Endiósate!

¡Y comparte el viaje de tu vida!

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