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Madres Negativas

Madres Negativas

Muchas de nosotras no tuvimos una infancia traumática, no nos pegaron, ni abusaron de nosotras física o psicológicamente, o por lo menos no manifiestamente.

Aunque ello no significa que sacaran de nosotras lo mejor que había ahí. Desarrollar todo nuestro potencial, que nos proporcionaran el entorno, el abono, el hábitat que nos hacía falta, en esa medida exacta y única que necesitábamos  –solo válida para nuestra persona–,  que nos haría florecer y brillar con luz propia, con el propósito de pulir así el diamante que somos y todas llevamos dentro, no parece una tarea ni sencilla ni fruto del azar.

Es de suponer que ser madres no tiene que ser fácil. Biológicamente hablando sí, pero no todo lo demás: proveernos de lo adecuado, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto. Visto así no parece tan sencillo.

No quisiera añadir más peso a los hombros de las madres, que ya tienen bastante, porque sí, es una gran responsabilidad. Pero no pienso minimizar la cuestión. Opino que una madre tiene una grandísima responsabilidad, y punto. Ni culpa, ni queja, ni nada. Solo atender a la verdad: lo que es, es.

Y, aceptando la verdad, podremos disponernos a aprender las mejores maneras de lidiar con este hecho y tratar de hacerlo lo mejor posible.

El quid de la cuestión reside en que una madre no solo tiene que darnos de comer, sino que es absolutamente imprescindible para sacar nuestra luz que nos dé AUTÉNTICO AMOR. Me refiero aquí a esa clase de amor que se demuestra con hechos, cada día, y que te da lo más valioso que te puede dar: su tiempo, en forma de atención plena al otro en presencia del otro, para descubrirle y disfrutarle, tal y como es, sin querer cambiarle.

Algo que parece tan sencillo como eso es tremendamente difícil cuando nosotras mismas, como personas, tenemos nuestros propios conflictos sin resolver. Las madres que no hayan llevado acabo su propia recuperación de la codependencia -que no hayan despertado a su diosa interior- y, por tanto, se encuentren tristes, resentidas, amargadas, solas, pequeñas, vacías… Nunca podrán hacer brillar el diamante que son sus hijos sin antes haberlo hecho con ellas mismas.

Una cabeza llena de miedos nunca tendrá espacio para soñar y eso será lo que, casi seguro, habrás mamado.

Si tu madre no fue un impulso o incluso fue tóxica aún puedes hacer mucho por ti. Recuerda que en tu interior sigue existiendo ese diamante que eres y seguirá ahí hasta que te decidas a pulirlo tú misma. ¡Este puede ser el día!

Sin embargo, si eres tú la madre, si reconoces que no estás demasiado alegre ni potenciando a tus hijos, ponte en marcha:

¡No dejemos que la humanidad sea criada y educada por madres miedosas y apocadas!

 

¡Endiósate!

Y, por favor, no lo hagas solo por tus hijos, ¡hazlo por ti!

¡Te mereces todo!

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