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El secreto para REHACER tu vida

El secreto para REHACER tu vida

Lisa, de acuerdo con su historial, tenía 34 años, había empezado a fumar y a beber a la edad de 16 y había tenido problemas de sobrepeso la mayor parte de su vida. Llegó un momento, a sus casi 30, en que tenía una larga lista de agencias de cobros esperando conseguir saldar el saldo de más 10.000 $ en deudas. Su currículum vitae decía que el trabajo en el que había durado más tiempo había sido menos de un año.

Hoy esa mujer es una mujer vibrante, inteligente y delgada con unas piernas tonificadas de corredora. Luce mucho más joven que lo que dice su edad biológica. En la actualidad no posee ninguna deuda, no bebe, hace casi 4 años que no fuma, y ya está en el mes treinta y nueve de su último trabajo como diseñadora gráfica.

Esto había ocurrido en casi 4 años.

El grupo de científicos de la habitación, neurólogos, psicólogos, genéticos y sociólogos, habían estado investigando a lo largo de tres años una docena de casos considerados, “anormales” y difíciles, enviados por los médicos de cabecera de distintos Institutes of Health a lo largo y ancho de América del Norte. Además del caso de Lisa, todos los participantes eran o fumadores, comedores compulsivos, bebedores problemáticos, compradores obsesivos o personas con otros tantos hábitos destructivos. Todos los participantes, al igual que Lisa, tenían una cosa en común: habían rehecho su vida en un relativamente corto período de tiempo.

Y lo que es todavía más curioso… Todos empezaron de igual manera.

Y lo que aún más y más curioso… A mí también me ocurrió lo mismo.

 

¿Qué fue lo que todos teníamos en común?

La historia particular de Lisa:

“Todo empezó en el Cairo. Esas vacaciones fueron algo así como una decisión de impulso. Unos pocos meses antes mi marido había venido desde el trabajo, como cualquier otro día, y me había anunciado la noticia de que me dejaba porque había conocido a una mujer más joven y se había enamorado.

Me tomó un tiempo asumir la traición y asimilar que me iba a divorciar.

Al principio empecé a pasar el duelo normalmente…, pero poco después me encontré en un período de caos total. Le espié obsesivamente, empecé a seguir a su nueva novia e incluso hacer algo tan descabellado como llamarla y colgar unas cuantas veces. El punto máximo de la locura fue cuando me presenté completamente borracha en su casa arrastrándome y gritando que se yo qué.

Desde luego que no fue un buen momento para mí, por lo que pensé, de repente, que siempre había querido ver las pirámides y contraté unas vacaciones gracias a que en alguna de mis tarjetas aún quedaba un mínimo de saldo disponible.

En mi primera mañana en el Cairo me desperté con el sonido de la oración de una mezquita cercana. Todavía estaba muy oscuro ahí afuera y yo medio a ciegas, medio dormida y desorientada por el jetlag, me repantigué para encender un cigarrillo.

Pasaron unos segundos hasta que me di cuenta de que olía a plástico y que estaba tratando de encender un boli en vez de un Marlboro.

Había pasado los últimos cuatro meses llorando, atracándome de comida, incapaz de dormir, tirada en la cama, sintiéndome avergonzada, abandonada, deprimida, enfadada y llegó el momento en que me rompí.

Fue como una ola de tristeza muy grande. Como tocar fondo. Me sentí como si todo lo que había deseado en la vida se había evaporado y ya ni siquiera podía fumar bien.

Empecé a pensar en mi exmarido, en lo mucho que me costaría conseguir un nuevo trabajo al regresar, en cuanto lo iba a odiar y en lo muy insana que me sentía en ese momento.

Me levanté y derramé la jarra de agua de la mesa. Comencé a llorar de nuevo desconsolada, acurrucada en el suelo, me sentía desesperada, frustrada, a merced de la mala suerte y sentía la urgente necesidad de cambiar algo, aunque solo hubiese una cosa que pudiera controlar.

Conseguí alquilar un taxi y salir del hotel. Mientras circulábamos por las sucias calles que me llevaban a Sphinx, the pyramids of Giza, y el vasto desierto alrededor, hubo un momento de claridad en el que mi autocompasión y pena desapareció (la diosa) y me iluminé por un momento. Y ¡Eureka! ¡Necesitaba un objetivo en mi vida! Algo por lo que trabajar para mi. Así que allí sentada en el taxi, me propuse a mí misma que volvería a Egipto y cruzaría el desierto a pie.

Sí, no estaba en forma, tenía bastante sobrepeso, no había hecho deporte en la vida y no tenía nada de dinero en el banco. Incluso no sabía todavía cuál era el nombre del desierto… Pero no me importó, algo más grande que yo me impulsaba a que aquella era la manera de recuperarme y recuperar mi vida. Me prepararía durante un tiempo y volvería. Sabía que tendría que hacer sacrificios, pero sobretodo sentía que lo que tenía que lograr era dejar de fumar.”

Once meses después Lisa cruzó el desierto, acompañada de una media docena de personas en un tour organizado que disponía de una caravana con aire acondicionado, agua, comida, mapas y gps… Lisa podría haber hecho lo mismo si siguiese fumando…, pero quitar el tabaco logró mucho más para ella que cruzar el desierto.

 

Lo que TODOS tenían en común:

Un cambio de percepción, una revelación, una idea brillante (de la diosa interior) hizo que le llegara la firme llamada de tomar una dirección, una decisión: dejar de fumar. Cuando se escucha a la diosa interior esto siempre ocurre, aciertas y logras cambios milagrosos y saltos cuánticos que ni te esperas.

En los siguientes seis meses cambió el tabaco por el jogging, cambió su forma de alimentarse, se mantuvo centrada, trabajó, durmió bien, ahorró dinero y se planeó sus horarios, creó las rutinas necesarias para cumplir sus metas.

Casi 4 años después, Lisa ha corrido un maratón, se ha prometido, tiene trabajo y se ha comprado una casa recientemente.

¿Y eso es todo?

Vale, ya sé que parece nada, pero en realidad, tiene más de interesante de lo que parece.

Realmente lo más difícil a la hora de cambiar y salir de la pescadilla que se muerde la cola es el principio. ¡Ay, madre mía los primeros pasos! Ahí no ves ni luz al final del túnel ni ná de ná. Eso es encomendarte a Dios y hacer todos los días actos de fe.

Mi cambio también empezó con la simple decisión de dejar de fumar. Ni siquiera se trató de una decisión propiamente mía. Sentí una especie de llamada interior.

En aquel momento me sentía fatal, salía con un chico que no me gustaba, no sé ni por qué estaba con él. Tampoco me gustaba mi trabajo, no tenía dinero, ni veía ninguna salida por ningún lado. Estaba deprimida, muy rechoncha esa temporada y me apretaba toda la ropa, cuestión que odio y llevo francamente mal.

Dije sí al reto. Fue como una especie de golpe de suerte inesperado… Por fin esto sí dependía solo de mí. No podía quedarme quieta mientras me sentía así de mal. ¡Tenía que hacer algo!

Y apareció esto. Y milagro de la diosa, me dio por dedicar todo mi malestar, mi rabia, mi energía de frustración a lograr el objetivo. No era consciente en aquel momento, pero estaba preparada para poner de mi parte y ¡esto era algo que yo podía controlar! De lo poco, poquísimo que sentía que podía controlar en aquel entonces que iba como pollo sin cabeza. Y ya te digo que fue un acierto. Esto lo cambió todo.

Empecé a cansarme menos, a preocuparme más por la salud, a sentirme orgullosa y sobre todo a tener misteriosamente mucho más dinero que antes. Y el dinero llama al dinero… Empecé seguidamente a dejar de comprar comida en la casa de comidas para llevar que frecuentaba, lo cual es carísimo añado. Estaba menos cansada y tenía ganas de cocinarme y también de limpiar más. Y empecé a motivarme más. Perder peso. Comer mejor…, y ahorrar, y… ¡Wow! Hoy estoy aquí, a más de 8000 kilómetros de casa en un precioso, increíble, endiosado apartamento, escribiendo esto mientras anochece y sintiéndome ¡de puta madre!

Amiga, te lo recomiendo.

Usé algunos truquillos de los míos psicológicos que me hicieron muchísimo bien.

Te contaré todos los detalles de cómo conseguí dejar de fumar justo cuando más hecha polvo estaba.

Cuídate y líbrate de los hábitos dañinos.

¡Endiósate y síguenos!

Basado en el Libro: The Power of Habit, Charles Duhigg.

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